DENUNCIAN la CENSURA del Gobierno hacia José Mota en TVE: “¡Basta ya!”

El especial de Noche Vieja de José Mota en TVE ha desatado una tormenta de críticas por lo que muchos consideran un claro caso de censura gubernamental. La omisión de figuras políticas incómodas ha llevado a la audiencia a cuestionar la libertad creativa del programa, que ha sido calificado de insípido y predecible.

Desde el inicio del programa, la sensación de autocensura ha sido palpable. Críticos apuntan que el guion estuvo diseñado para evitar cualquier mención a personajes como Ávalos o Coldo García, lo que alimenta las sospechas de que el contenido fue filtrado por intereses políticos.

El resultado ha sido un humor plano, que ha decepcionado a muchos espectadores. En lugar de la sátira incisiva que caracteriza a los especiales de Noche Vieja, el programa ofreció chistes seguros, carentes de riesgo y mordacidad. La risa, que debería ser una herramienta de crítica, se ha sentido controlada y limitada.

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Las redes sociales han estallado en protestas. Los usuarios claman “¡Basta ya!” y denuncian un humor servil que parece más propaganda que comedia. La percepción general es que la crítica ha sido acallada, dejando a José Mota atrapado en un formato que no le permite incomodar al poder.

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Analistas han señalado que este episodio refleja un uso partidista de los recursos públicos. Una televisión financiada por todos no debería tener un filtro ideológico en su contenido humorístico, sino ofrecer una sátira que abarque todo el espectro político. La queja se extiende no solo a lo que se dijo, sino a lo que se omitió deliberadamente.

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El balance final es contundente: un especial que ha evitado abordar temas incómodos y ha presentado un humor domesticado. La Noche Vieja, tradicionalmente un espacio para reírse del poder, ha dejado la sensación de que la crítica ha sido encerrada antes de empezar.

La censura, aunque sutil, ha sido evidente para el público. Muchos concluyen que en Televisión Española, la risa ha sido cautiva y la libertad creativa, sacrificada en el altar de la política. La situación plantea serias interrogantes sobre el futuro del humor en los medios públicos y la verdadera libertad de expresión en el país.