Nicolás Maduro ha sido capturado por las autoridades estadounidenses, marcando un punto de inflexión en la política internacional. La reacción ha sido inmediata: José Luis Rodríguez Zapatero, conocido por su cercanía al régimen chavista, se encuentra en la mira de Washington. Su futuro político pende de un hilo.
La noticia ha sacudido los cimientos de la izquierda internacional, que durante años intentó blanquear la dictadura venezolana. La Casa Blanca ha cumplido su amenaza, y el pánico se ha apoderado de los aliados de Maduro en Europa. Zapatero, quien ha sido un defensor del régimen, ahora enfrenta un creciente escrutinio.
Mientras figuras como Irene Montero elevan la voz contra lo que llaman “agresión imperialista”, el silencio de otros líderes es ensordecedor. Durante años, ignoraron la represión y el fraude electoral en Venezuela, pero ahora claman por la soberanía de un régimen que ha sometido al pueblo. La hipocresía es palpable.

Alejandro Fernández, líder del PP en Cataluña, ha dejado claro que los dictadores no se detienen con palabras suaves. La acción de Estados Unidos no está dirigida contra la ciudadanía, sino contra aquellos que han perpetuado el sufrimiento en Venezuela. En las calles, el alivio se siente, no el miedo.

La caída de Maduro complica la situación de Zapatero, cuya relación con el chavismo ha sido tanto política como personal. Su imagen como mediador de paz está en entredicho, y muchos en Washington creen que su nombre será el siguiente en la lista de objetivos. La presión aumenta.

Con Maduro fuera de juego, el foco se desplaza hacia Zapatero y sus conexiones con el régimen. Pedro Sánchez, quien ha utilizado al expresidente como referencia moral, podría verse arrastrado por las consecuencias de este cambio de poder. La situación se vuelve cada vez más crítica.
Zapatero debe actuar rápido, ya que la situación se torna insostenible. La comunidad internacional observa con atención cómo se desarrollan los acontecimientos. La captura de Maduro no solo es un golpe para el chavismo, sino un aviso claro para quienes han apoyado su régimen. El tiempo corre.